Por primera vez, distinguen a una investigadora local con el premio Bernardo Houssay

“Todos los días vengo a la Universidad y creo que seguiré viniendo hasta que me muera”, dijo la premiada química Juana Chessa, de 78 años. En 1972, se radicó en Río Cuarto y empezó a trabajar en la UNRC. Sufrió los años de plomo de la dictadura, que le arrancaron para siempre a su esposo, Ernesto Silber, colega y padre de su único hijo. Junto a otros tres investigadores que también recibieron la misma distinción en áreas diferentes de conocimiento, la científica local competirá además por el premio “Investigador de la Nación Argentina”, que le otorga al ganador una medalla de oro y 1 millón de pesos

La científica local Juana Chessa de Silber, investigadora y docente de nuestra Facultad, logró hacer historia. Acaba de ganar el premio Bernardo Houssay por su trayectoria y aportes al conocimiento. Alcanzó así el galardón que distingue a lo más eminente de la ciencia nacional.

Esta distinción honra el nombre del médico argentino que en 1947 ganó el premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos sobre el papel desempeñado por las hormonas pituitarias en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre.

El premio Bernardo Houssay Trayectoria que obtuvo Chessa está destinado a investigadores mayores de 45 años que hayan desarrollado la mayor parte de su actividad científica en el país. Comprende cuatro áreas de conocimiento, cada una con su respectivo ganador. Entre ellos, se elegirá a su vez al mejor científico del país, quien será designado “Investigador de la Nación Argentina” y recibirá una medalla de oro y 1 millón de pesos.

El espíritu del premio, que es entregado por el propio Presidente de la Nación, es el reconocimiento a las contribuciones de los investigadores argentinos a la producción de nuevos conocimientos, nuevas tecnologías y a la formación de recursos humanos.

Justamente, por sus méritos académicos y científicos, la doctora Chessa en 2006 fue designada profesora emérita de la UNRC y a principios de este año fue nombrada investigadora superior emérita del Conicet. Esta última, es una distinción que se les otorga a los investigadores que están en situación de tener que dejar los cuadros formales de la carrera del investigador científico y tecnológico, y que acreditan destacados antecedentes académicos reunidos a lo largo de años de trabajo dentro y fuera de las fronteras del país. Además, desde 2009, es integrante titular de la Academia Nacional de Ciencias.

“Hasta que me muera”

Como hace 47 años, la doctora Chessa frecuenta los laboratorios de Química de la Universidad y, aunque ella misma reconoce que tiene un rol más pasivo, todavía los proyectos de investigación que sus más cercanos colaboradores dirigen, son un reflejo de su herencia intelectual.

A pesar de las décadas transcurridas y a sus 78 años, esta multipremiada científica local mantiene intactas sus motivaciones profesionales. “Si pudiera, volvería a empezar de nuevo y haría lo mismo. Todos los días vengo a la Universidad y creo que seguiré viniendo hasta que me muera. Aquí está mi vida. Este premio que me dan es una gran alegría, pero la verdad es que no es una motivación para mí, porque siempre la tengo. De todas maneras, que a uno la reconozcan es muy importante y, sobre todo, después de tantos años de esfuerzo”.

Cuando joven, cursó sus estudios de grado en la Universidad Nacional de La Plata, donde se graduó como farmacéutica y bioquímica. Después, viajó a Estados Unidos, donde estuvo cinco años, hasta completar su formación doctoral en la Texas Tech University.

En 1972, regresó a la Argentina y junto a su esposo, Ernesto Silber, se radicó en Río Cuarto para empezar a trabajar en la Universidad, que de manera incipiente comenzaba a desarrollarse. Ingresó a la planta docente con el cargo de profesora asociada, lo que marcó el inicio de su fructífera trayectoria científica.

Desde que comenzó a trabajar en la Universidad, Juana Chessa dedicó buena parte de sus esfuerzos a la organización académica del Departamento de Química y Física, y en adquirir el material y equipamiento imprescindible para llevar a cabo las tareas de investigación. A pesar de la falta de medios, con ella se iniciaron los primeros trabajos en el área del estudio de Interacciones Moleculares, que sentaron las bases del grupo de Físico-Química Orgánica que dirige actualmente y que está totalmente consolidado.

También participó en la creación y organización del Doctorado en Ciencias Químicas (actualmente categoría A), del cual coordinó la Junta Académica hasta 2006.

“Recuerdo que las primeras clases las dictamos en el Colegio Nacional, mientras se iniciaban las obras de lo que es hoy el campus universitario”, comentó Juana Chessa, mientras afloraba en su memoria aquella época en la cual las actividades administrativas de esta casa de estudios se desarrollaban en la vieja Dirección de Tránsito de calle Sarmiento y el rector organizador, Sadi Ubaldo Rifé, atendía en la Municipalidad.

La importancia de sus trabajos se evidencia por la calidad y cantidad de publicaciones y por haber sido invitada a dar conferencias, cursos y pasantías en el ámbito nacional e internacional, y su participación como revisora de trabajos en revistas internacionales.

La doctora Juana Chessa fue y aún sigue siendo protagonista del crecimiento del Departamento de Química de la Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales, que hoy en día es reconocido por la comunidad científica como uno de los mejores del país.

El Ministerio de Educación de la Nación, con la firma del secretario de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, le comunicó en las últimas horas por correspondencia el otorgamiento del premio. “Es una gran satisfacción reconocerla por su trabajo, determinación y compromiso”, por lo que “ha sido designada ganadora del Premio Houssay Trayectoria” en el área Química no biológica, Ciencias de la Tierra, del Agua y de la Atmósfera, dice la carta oficial.

La premiación se hará en fecha a confirmar entre fines de este mes y principios de octubre en la Capital Federal. Según la tradición, la doctora Chessa recibirá la distinción de manos del propio Presidente de la Nación, en una ceremonia que reunirá a los más reconocidos exponentes de la ciencia argentina.

“Fui propuesta por la Sociedad Argentina de Investigadores en Química Orgánica, y este premio me pone muy contenta porque es el máximo galardón al que puede acceder un científico en nuestro país. Muchas veces, fui evaluadora de postulantes para este premio, pero esta vez me toca recibirlo a mí”, dijo reconfortada la doctora Chessa.

“Nita”, como le dicen en su ámbito de trabajo, es conocida por sus dotes como docente e investigadora, por su perseverancia, su capacidad, su vocación académica y científica.

“Este es el reconocimiento a mis años de trabajo como científica y, particularmente por los aportes realizados dentro de mi especialidad. Además, el premio valora la formación de recursos humanos. En todos estos años, dirigí a 19 tesistas de doctorado”, comentó.

La profesora Chessa focalizó su labor científica en el área de Físicoquímica Orgánica. Allí, abordó el estudio de temáticas como las interacciones moleculares, el reconocimiento molecular en estructuras supramoleculares y medios autoorganizados, aplicaciones a transporte de drogas y extracción de material biológico, cinética de reacciones en medios organizados no agresivos al ambiente y aplicables a la química sustentable, enzimología micelar, y electroquímica orgánica.

“Mi trabajo siempre estuvo orientado hacia la investigación básica, pero invariablemente pensando en aquello que resulte importante para la vida de las personas”, expresó la notable científica local. Y agregó: “Actualmente, contamos con el equipamiento básico para nuestros estudios, pero es una lástima que en el último tiempo estemos recibiendo tan poco apoyo económico. Tenemos subsidios ganados, pero no nos mandan el dinero. Y así es muy difícil avanzar. Hemos pasado épocas complicadas en el país y, ahora, otra vez lo mismo. Es cierto que no estamos sufriendo persecuciones, pero no contar con presupuesto es liquidar el trabajo. Todo lo que hemos logrado en tanto tiempo, uno o dos años como estos que estamos atravesando nos dejan sin nada”, se quejó.

Otras distinciones

En su larga trayectoria, esta investigadora de la UNRC realizó cerca de 160 publicaciones científicas. Además, se convirtió en miembro de la Academia Nacional de Ciencias y fue presidenta de la Asociación Argentina de Investigación Fisicoquímica y de la Sociedad Argentina de Investigación en Química Orgánica, que también la distinguió por sus contribuciones a la disciplina.

Entre otros tantos galardones, también Juana Chessa de Silber ganó el Premio Konex 2013, en el rubro Química Orgánica.

“Soy la primera generación de universitarios”

“En mi familia, soy la primera generación de universitarios. Por eso, soy una gran defensora de la educación pública. Mis padres eran descendientes de italiano y trabajaban muchísimo, pero no hubiesen podido pagar una universidad privada para mí o mis hermanos”, reveló esta notable investigadora.

Añadió luego: “Mis profesores me legaron el gusto por la docencia y la investigación. Mis padres me insistieron que pusiera una farmacia, pero no acepté. Luego, quisieron que montara un laboratorio de bioquímica, pero tampoco quise. Siempre supe que todo lo que quería estaba dentro de la Universidad”.

“Cuando cursaba mis estudios universitarios, estuve como ayudante alumna ad-honorem en una cátedra y con un jefe de trabajos prácticos que teníamos nos reuníamos todos los sábados a pensar qué podíamos investigar”.

“La universidad te tiene que gustar y nadie te la puede imponer. Si alguien viene aquí para cumplir un horario de oficina y no le gusta estudiar, yo le sugeriría que se vaya. La vida universitaria te tiene que apasionar. Es la única manera de llegar a hacer algo importante”, afirmó sin titubeos.

“Yo hace rato que estoy jubilada, pero me gusta seguir viniendo a la Universidad. A veces, con más ganas que energía”.

“La vida del investigador es entretenida; no es rutinaria, pero uno tiene que sentirla. Muchas veces, es dura, porque uno trabaja y trabaja y no consigue resultados. Entonces, hay que empezar todo de nuevo. A menudo, hay que convivir con los fracasos”, admitió.

“Competimos en desventaja contra los mejores”

La doctora Chessa tiene en claro que el Estado tiene que jugar un rol preponderante para el desarrollo de la ciencia y la tecnología nacional.

Sin embargo, reconoce: “En las actuales condiciones, es muy difícil investigar en Argentina, sobre todo cuando hay competidores como los países centrales. Aquí, además del problema del financiamiento, tenemos que lidiar con la provisión de los insumos. Cuando pedimos uno, lo recibimos dentro de tres o hasta seis meses. Eso es una gran pérdida de tiempo. En lugares como Estados Unidos, donde tuve la oportunidad de trabajar, uno pide una droga y la tiene al día siguiente”.

“Hasta el año 2015, pudimos incorporar nuevo equipamiento, porque había buen financiamiento. Ahora no. Con la última devaluación, no sabemos qué va a pasar con un equipo de resonancia magnética nuclear que queríamos adquirir. Por eso, llegar hasta donde hemos llegado no es fácil, porque competimos en desventaja con los mejores a nivel mundial”.

Sufrió con la dictadura

El enorme potencial intelectual, que la doctora Chessa volcó en cada uno de sus trabajos científicos, signó su rica trayectoria profesional a través de los años. Sin embargo, la última dictadura militar dejaría en su alma, y para siempre, una huella indeleble.

Con un horizonte abierto de proyectos por delante y con su único hijo –Pablo- de tan solo ocho años, un triste 9 de agosto de 1976 su esposo, también docente, investigador y dirigente gremial de esta casa de estudios, fue detenido por fuerzas de la dictadura militar. Ocurrió en las puertas mismas de la Universidad, desde donde lo llevaron a la por entonces Unidad Nº7 de la Policía de la Provincia de Córdoba.

Allí funcionaba el grupo denominado D-2 (Sección Informaciones), y dentro de éste, un subgrupo: la brigada antiguerrilla. Se supo que el profesor Silber fue interrogado, salvajemente golpeado y torturado. Tres días después de su detención, apareció misteriosamente ahorcado en su celda.

Junto con los casos de Gabriel Braunstein y de Elsa Gladys Comba, el del químico universitario Ernesto Silber constituye uno de los tres secuestros y desapariciones sucedidos en Río Cuarto, en aquellos oscuros momentos que vivió el país.

En el Departamento de Química de la Facultad de Ciencias Exactas, donde Silber ejerció la docencia, hay una placa que le rinde homenaje. Y, en las puertas de la Biblioteca Central de la UNRC, fue descubierta en 2009 una baldosa en su memoria. Ese día, Nita recordaba a su compañero de vida: “Era una persona que daba todo por su trabajo, por la Universidad. Realmente no sé por qué lo llevaron, nunca nos lo dijeron. Su única actividad había sido la política universitaria y mejorar la Universidad y la academia. Eso era lo que más le interesaba”. Ernesto Silber fue uno de los impulsores de la creación de la Asociación Gremial Docente de la Universidad y su primer secretario general.

Fuente: Prensa y Difusión UNRC

Foto: Comunicación Exactas

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