Gabriel Baum: “No estamos condenados a la dependencia tecnológica”

En el segundo día de las Jornadas de reflexión y debate en torno a ciencia, tecnología y disputas tecnodigitales, el especialista de la Universidad Nacional de La Plata propuso debatir sobre la soberanía tecnológica, los intereses que orientan el desarrollo de las tecnologías digitales y la necesidad de definir qué herramientas resultan convenientes para el país. Además, destacó la importancia de construir alternativas basadas en la solidaridad, la cooperación y el bien común.

En el marco de las Jornadas de reflexión y debate en torno a ciencia, tecnología y disputas tecnodigitales, organizadas por las Facultades de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales y de Ingeniería de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), el licenciado en Informática y docente Gabriel Baum brindó el conversatorio “Soberanía Tecnológica y Tecnologías convenientes”, destinado especialmente a estudiantes de las carreras de Computación de Exactas y de Ingeniería en Telecomunicaciones.

Profesor de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), Baum cuenta con una amplia trayectoria en informática y políticas tecnológicas. Fue integrante del Foro Consultivo del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre y del Consejo Asesor del Programa Conectar Igualdad, y presidió la Sociedad Argentina de Informática (SADIO). Entre sus reconocimientos se encuentran el Premio Sadosky de Oro, recibido en 2005, y el Diploma al Mérito Konex en Tecnologías de la Información y la Comunicación, otorgado en 2013.

Durante su exposición, invitó a reflexionar críticamente sobre las relaciones de poder que atraviesan el desarrollo tecnológico y los desafíos de Argentina para construir capacidades propias en un escenario internacional marcado por la concentración de recursos y conocimientos.

Soberanía e independencia tecnológica: ¿quién decide nuestro futuro?

Uno de los ejes centrales fue la distinción entre soberanía tecnológica e independencia tecnológica. Mientras que la primera supone la posibilidad de decidir qué tecnologías utilizar, la segunda implica contar con las capacidades necesarias para definir, planificar y desarrollar trayectorias tecnológicas propias.

Baum advirtió que utilizar tecnologías extranjeras o alojar datos en el territorio nacional no garantiza, por sí mismo, autonomía. La cuestión fundamental es quién controla esas herramientas, quién define su desarrollo y en función de qué intereses se toman las decisiones. “Si no tenemos independencia económica y somos tecnológicamente dependientes, no vamos a poder decidir qué hacer en nuestro país”, sostuvo, al vincular la autonomía tecnológica con la soberanía política y la justicia social.

Tecnologías convenientes: desarrollar en función de las necesidades del país

Otro concepto central fue el de tecnologías convenientes, una perspectiva que propone evaluar las innovaciones no solamente por su complejidad, novedad o potencial comercial, sino también por su contribución al bienestar colectivo.

Baum recuperó aportes de los pensadores argentinos Oscar Varsavsky y Edgardo Galli para plantear la importancia de orientar la ciencia y la tecnología hacia las necesidades nacionales, la mejora de las condiciones de vida y el respeto por la naturaleza. Desde esta mirada, sostuvo que el desafío no consiste en reproducir los desarrollos de las grandes potencias ni en adoptar cada innovación disponible, sino en identificar qué tecnologías necesita el país, cuáles puede desarrollar y cuáles convienen incorporar según sus propios objetivos.

La propuesta adquiere especial relevancia en un contexto de aceleradas transformaciones digitales, en el que las decisiones tecnológicas inciden en la producción, el empleo, la formación profesional y la capacidad de definir prioridades propias.

Inteligencia artificial y concentración del poder tecnológico

La exposición también abordó las expectativas generadas en torno a tecnologías como la inteligencia artificial generativa y la computación cuántica. Baum cuestionó la idea de que cada avance represente una revolución que todos los países e instituciones deban seguir necesariamente.

Según planteó, buena parte de estos desarrollos está concentrada en grandes empresas y países con enormes recursos económicos, científicos y tecnológicos. En consecuencia, quienes carecen de capacidades propias corren el riesgo de depender de herramientas diseñadas según intereses y prioridades ajenos.

En relación con la inteligencia artificial, señaló que su incorporación requiere una evaluación crítica de sus usos, beneficios y limitaciones. La pregunta no es solamente qué puede hacer una tecnología, sino para qué se necesita, a quién beneficia y qué capacidades requiere su desarrollo y utilización. En este sentido, destacó la importancia de contar con conocimientos, infraestructura y recursos humanos que permitan comprender, adaptar y desarrollar alternativas propias.

La tecnología no es neutral

Otro eje de la charla fue la relación entre tecnología e ideología. Baum cuestionó la idea de que las tecnologías sean herramientas neutrales y sostuvo que sus características también expresan las ideas, los intereses y las decisiones de quienes participan en su diseño y desarrollo.

En este marco, introdujo la noción de colonización mental para referirse a la adopción de perspectivas que llevan a interpretar los problemas propios desde los intereses y parámetros de los actores dominantes. Frente a ello, destacó la necesidad de desarrollar una mirada crítica que permita formular preguntas y alternativas desde la realidad nacional.

La reflexión también incluyó las transformaciones del mundo laboral vinculadas con las tecnologías digitales. Los cambios en las herramientas, los procesos productivos y las formas de organización del trabajo plantean interrogantes sobre las condiciones laborales, la formación profesional y la posibilidad de generar ámbitos propios de desarrollo. Así, pensar la tecnología implica preguntarse no solo por sus resultados, sino también por quiénes la producen y con qué objetivos.

Comunidad, solidaridad y bien común: otras formas de pensar la tecnología

En el tramo final, Baum invitó a recuperar valores como la solidaridad, la cooperación, la construcción comunitaria y el compromiso con las necesidades colectivas. Desde esta perspectiva, el desafío no consiste únicamente en desarrollar capacidades científicas y tecnológicas propias, sino también en definir qué objetivos sociales deberían orientar ese desarrollo.

En relación con estos debates, consideró que Laudato si’, la encíclica del papa Francisco sobre el cuidado de la casa común, constituye una referencia para profundizar el vínculo entre tecnología, sociedad y ambiente. El documento cuestiona el predominio de un paradigma tecnocrático y advierte que el avance científico y tecnológico no garantiza, por sí solo, el progreso humano y social.

Estas reflexiones se vinculan con una de las preguntas centrales del conversatorio: cómo construir un futuro tecnológico que responda a las necesidades del país y no exclusivamente a los intereses de los sectores que concentran el poder económico y tecnológico. Para avanzar en esa dirección, resulta fundamental promover decisiones colectivas, pensamiento crítico y una ciencia comprometida con la sociedad.

El desafío de decidir el propio futuro

A lo largo de su exposición, Baum volvió sobre una pregunta fundamental: quién decide el futuro tecnológico de un país y con qué objetivos.

Para el investigador, la dependencia no constituye un destino inevitable. Aunque construir capacidades propias exige esfuerzos y decisiones estratégicas, avanzar hacia la independencia tecnológica es una condición importante para ampliar los márgenes de decisión de la sociedad argentina.

En ese camino, destacó la responsabilidad de científicos, tecnólogos, docentes, estudiantes y futuros profesionales de la computación en el debate sobre qué desarrollos impulsar y qué necesidades deberían orientar la investigación y la innovación. La propuesta dejó planteada la importancia de fortalecer una agenda científica y tecnológica vinculada con los problemas del país, capaz de articular conocimiento, producción, autonomía y bienestar social.

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